Nuestra mejor estrategia es centrarnos en las formas en que afirmamos, animamos y edificamos a nuestros hijos con la verdad amorosa de Dios. He aquí algunas ideas para ayudar en esta importante labor.
Las Escrituras nos dicen muy claramente que “amemos a nuestro prójimo”, pero ¿qué pasa cuando el prójimo en cuestión es un niño que aparece en la puerta de su casa a todas horas?